sábado, febrero 10
viernes, diciembre 15
jueves, noviembre 16
Mano vacía
Amanecía, en el alma de él moría
la última lágrima de despedida
y ahora, lejos ella está perdida
la esperanza, el sueño, la alegría.
Anochecía, su espíritu lo sabía
los primeros lamentos comenzaban
y los fantasmas danzando lo llamaban
ellos, sangre bañada en algarabías
Cuerpo, rostro, memoria, palabras
que su hermosa amada prometía
llegaba él a una luna tardía
hechizo de junio, músicas macabras.
Pasión, vigilia, sangre, olvido
lo poco que tuve se ha ido.
XES
Guadalajara 16, 2006
la última lágrima de despedida
y ahora, lejos ella está perdida
la esperanza, el sueño, la alegría.
Anochecía, su espíritu lo sabía
los primeros lamentos comenzaban
y los fantasmas danzando lo llamaban
ellos, sangre bañada en algarabías
Cuerpo, rostro, memoria, palabras
que su hermosa amada prometía
llegaba él a una luna tardía
hechizo de junio, músicas macabras.
Pasión, vigilia, sangre, olvido
lo poco que tuve se ha ido.
XES
Guadalajara 16, 2006
El don
En una página de Plinio se lee
que en todo el orbe no hay dos caras iguales.
Una mujer le dio a un ciego la imagen
de su rostro, sin duda único.
Eligió la fotografía entre muchas;
descartó y acertó.
El acto fue significativo para ella
y también lo es para él.
Ella sabía que él no podía ver el regalo
y sabía que era un regalo.
Un invisible don es un hecho mágico.
Dar a un ciego una imagen
es dar algo tan tenue que bien puede ser infinito,
es dar algo tan vago que puede ser el universo.
La inútil mano toca y no reconoce
la inalcanzable cara
En revista “Maldoror”, Montevideo, Nº 20, 1985.
Y publicado en Jorge Luis Borges, “Textos recobrados (1956-1985)”, Buenos Aires, Emecé Editores, 2003
que en todo el orbe no hay dos caras iguales.
Una mujer le dio a un ciego la imagen
de su rostro, sin duda único.
Eligió la fotografía entre muchas;
descartó y acertó.
El acto fue significativo para ella
y también lo es para él.
Ella sabía que él no podía ver el regalo
y sabía que era un regalo.
Un invisible don es un hecho mágico.
Dar a un ciego una imagen
es dar algo tan tenue que bien puede ser infinito,
es dar algo tan vago que puede ser el universo.
La inútil mano toca y no reconoce
la inalcanzable cara
En revista “Maldoror”, Montevideo, Nº 20, 1985.
Y publicado en Jorge Luis Borges, “Textos recobrados (1956-1985)”, Buenos Aires, Emecé Editores, 2003
martes, noviembre 14
Un animal soñado por Kafka
Es un animal con una gran cola, de muchos metros de largo, parecida a la del zorro. A veces me gustaría tener su cola en la mano, pero es imposible; el animal está siempre en movimiento; la cola siempre de un lado para otro. El animal tiene algo de canguro, pero la cabeza chica y oval no es característica y tiene algo de humana; sólo los dientes tienen fuerza expresiva, ya los oculte o los muestre. Suelo tener la impresión de que el animal quiere amaestrarme; si no, qué propósito puede tener retirarme la cola cuando quiero agarrarla, y luego esperar tranquilamente que ésta vuelva a traerme, y luego volver a saltar.
FRANZ KAFKA
Hochzeitsvorbereitungen auf dem Lande, 1953
FRANZ KAFKA
Hochzeitsvorbereitungen auf dem Lande, 1953
lunes, noviembre 13
Coutelle
Anduvieron la calle en declive. Todo era declive azul. Todo ascendía.
El arbolillo boqueaba verde entre los pedazos de cerámica. Se hubiera dicho una estatua en abandono. Ella se había puesto en pie para restaurar la traza de su túnica. Ella no sabía restaurar la traza de su túnica. Vio su costado y las heridas. La túnica en el suelo y aún el suelo bajo de sí. Hubiera entonado algo que no fuera un gemido, como para honrar los azares de dios. Erguida, sabía que estaba cayendo y el piso se le antojó un pantano. Los dedos buscaron las paredes pero era un pozo huidizo, y ese dolor como única constancia.
No había sombras sobre el muro ni pudo escribir su nombre. Sólo el lado azul le dio una clave, una risa de chacal o de Sísifo, el llamado salvador que no entendía. Una mancha.
Había un espejo. Hay un espejo, Coutelle.
Patricia Damiano
El arbolillo boqueaba verde entre los pedazos de cerámica. Se hubiera dicho una estatua en abandono. Ella se había puesto en pie para restaurar la traza de su túnica. Ella no sabía restaurar la traza de su túnica. Vio su costado y las heridas. La túnica en el suelo y aún el suelo bajo de sí. Hubiera entonado algo que no fuera un gemido, como para honrar los azares de dios. Erguida, sabía que estaba cayendo y el piso se le antojó un pantano. Los dedos buscaron las paredes pero era un pozo huidizo, y ese dolor como única constancia.
No había sombras sobre el muro ni pudo escribir su nombre. Sólo el lado azul le dio una clave, una risa de chacal o de Sísifo, el llamado salvador que no entendía. Una mancha.
Había un espejo. Hay un espejo, Coutelle.
Patricia Damiano
Epitafios
Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.
Epitafio del dramaturgo William Shakespeare.
"¡Que no sea rechazado de vuestra puerta, dioses! ¡Que no la encuentre cerrada con cerrojo!¡Ojalá pueda contemplar a Tum, mi Padre, establecido en sus dominios del Cielo y de la Tierra!".
De la epitafia egipcia
Rosa, oh! pura contradicción, alegría de no ser
el sueño de nadie bajo tantos párpados.
Epitafio de rilke
Que Hades te conceda agua fresca, porque
perdiste la dulce flor de la juventud.
De la epitafia egipcia
«Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».
En la tumba de Miguel de Unamuno
Entonces, ¿No era Whisky?
Monsierraspid
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.
Epitafio del dramaturgo William Shakespeare.
"¡Que no sea rechazado de vuestra puerta, dioses! ¡Que no la encuentre cerrada con cerrojo!¡Ojalá pueda contemplar a Tum, mi Padre, establecido en sus dominios del Cielo y de la Tierra!".
De la epitafia egipcia
Rosa, oh! pura contradicción, alegría de no ser
el sueño de nadie bajo tantos párpados.
Epitafio de rilke
Que Hades te conceda agua fresca, porque
perdiste la dulce flor de la juventud.
De la epitafia egipcia
«Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».
En la tumba de Miguel de Unamuno
Entonces, ¿No era Whisky?
Monsierraspid
sábado, noviembre 4
Fin de Fantasia
Este cuerpo no volverá a empezar de nuevo. Al tocar las
cuencas de sus ojos,
uno nota que un montón de tierra está más vivo,
ya que, incluso al alba, la tierra no hace sino guardar
silencio en su interior.
Pero un cadáver es un resto de demasiados despertares.
No tenemos más que esta virtud: comenzar
cada día la vida -ante la tierra,
bajo un cielo que calla-, esperando un despertar.
Se asombra alguien de que el alba implique tanto esfuerzo;
de despertar en despertar, una labor ha sido efectuada.
Pero vivimos solamente para darnos en un estremecimiento
al trabajo futuro y despertar, de una vez, la tierra.
Y alguna vez ocurre. Después vuelve a callar con nosotros.
Si al rozar aquel rostro la mano no estuviese insegura
-viva mano que siente la vida si toca-,
si de veras aquel frío no fuese otra cosa que el frío
de la tierra, en el alba que hiela la tierra,
tal vez eso sería un despertar y las cosas que callan
bajo el alba dirían todavía palabras. Pero tiembla
mi mano y entre todas las cosas se asemeja
a la mano inmóvil.
Otras veces, despertarse al alba
era un dolor seco, un jirón de luz,
pero era asimismo una liberación. La avara palabra
de la tierra era alegre, en un rápido instante,
y morir era todavía regresar a ella. Ahora, el cuerpo que
espera
es un resto de demasiados despertares y no regresa a la tierra.
Ni siquiera lo dicen los labios endurecidos.
Cesare Pavese
cuencas de sus ojos,
uno nota que un montón de tierra está más vivo,
ya que, incluso al alba, la tierra no hace sino guardar
silencio en su interior.
Pero un cadáver es un resto de demasiados despertares.
No tenemos más que esta virtud: comenzar
cada día la vida -ante la tierra,
bajo un cielo que calla-, esperando un despertar.
Se asombra alguien de que el alba implique tanto esfuerzo;
de despertar en despertar, una labor ha sido efectuada.
Pero vivimos solamente para darnos en un estremecimiento
al trabajo futuro y despertar, de una vez, la tierra.
Y alguna vez ocurre. Después vuelve a callar con nosotros.
Si al rozar aquel rostro la mano no estuviese insegura
-viva mano que siente la vida si toca-,
si de veras aquel frío no fuese otra cosa que el frío
de la tierra, en el alba que hiela la tierra,
tal vez eso sería un despertar y las cosas que callan
bajo el alba dirían todavía palabras. Pero tiembla
mi mano y entre todas las cosas se asemeja
a la mano inmóvil.
Otras veces, despertarse al alba
era un dolor seco, un jirón de luz,
pero era asimismo una liberación. La avara palabra
de la tierra era alegre, en un rápido instante,
y morir era todavía regresar a ella. Ahora, el cuerpo que
espera
es un resto de demasiados despertares y no regresa a la tierra.
Ni siquiera lo dicen los labios endurecidos.
Cesare Pavese
domingo, octubre 29
Melancolía Otoñal
Por mí no se marchita un jardín.
No tengo ninguno.
Ninguna casa a través de la cual los vientos de octubre lloren.
No me duelen las oscuras nubes,
Porque sólo rara vez veo al cielo.
No apunto más a estrellas del cielo doradas.
Me consuela una pequeña lampara de gas.
A mí no me cambía ninguna suerte, desilusiona ninguna espera,
No me duele ningún otoño,
Por mí ningún jardín se marchita.
M. Kaleko
No tengo ninguno.
Ninguna casa a través de la cual los vientos de octubre lloren.
No me duelen las oscuras nubes,
Porque sólo rara vez veo al cielo.
No apunto más a estrellas del cielo doradas.
Me consuela una pequeña lampara de gas.
A mí no me cambía ninguna suerte, desilusiona ninguna espera,
No me duele ningún otoño,
Por mí ningún jardín se marchita.
M. Kaleko
lunes, octubre 23
Boceto rojizo
Ví, en la tarde, un fatalismo, una suerte de dolor incontrolable, que me volvió desatado; por primera vez sentí mi mortalidad en el ser. "No pasa nada", me dije. "Sólo mi propia humanidad que surge otra vez, como la mar regresa agitado por la tormenta, como la tarde se vuelve complicada y necesaria".
Hemos de calzar estereotipos, o pensar que somos una sola idea, a donde llevan los días y las noches si no al suicidio, a la vaga entereza de este pobre espíritu acongojado que espera lentamente su final sin luchar. Ya lejos quedó la esperanza, sólo queda la resignación. Uno es lo que es no porque se determine, sino porque se elige, uno construye su destino.
"Debo rescatarlo", repito hasta olvidar el significado.
Ya ahora daré paso a la anarquía de la soledad y el hartazgo.
Hemos de calzar estereotipos, o pensar que somos una sola idea, a donde llevan los días y las noches si no al suicidio, a la vaga entereza de este pobre espíritu acongojado que espera lentamente su final sin luchar. Ya lejos quedó la esperanza, sólo queda la resignación. Uno es lo que es no porque se determine, sino porque se elige, uno construye su destino.
"Debo rescatarlo", repito hasta olvidar el significado.
Ya ahora daré paso a la anarquía de la soledad y el hartazgo.
viernes, octubre 20
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