Sentado en el lado del abismo el aire se respira aun más denso. Cuesta respirar. Las ideas se revuelven y sientes tus manos temblar alrededor de una especie de masa o piedra: se deshace. Ahora no recuerdas donde estas, te vuelves detrás tuyo y encuentras que llueve. Te gusta la sensación de la lluvia sobre tu rostro, lo fresco, como si despertases de un sueño desagradable. Vuelves a despertar, no sabes porque estas mas lejos de la luz: la niebla no te deja ver. ¿Despertarás un día y serás libre?
Lo has vuelto a hacer: el agua se lleva los hilos rojos que tejen la red interminable de un peligro inminente.
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viernes, mayo 18
lunes, octubre 23
Boceto rojizo
Ví, en la tarde, un fatalismo, una suerte de dolor incontrolable, que me volvió desatado; por primera vez sentí mi mortalidad en el ser. "No pasa nada", me dije. "Sólo mi propia humanidad que surge otra vez, como la mar regresa agitado por la tormenta, como la tarde se vuelve complicada y necesaria".
Hemos de calzar estereotipos, o pensar que somos una sola idea, a donde llevan los días y las noches si no al suicidio, a la vaga entereza de este pobre espíritu acongojado que espera lentamente su final sin luchar. Ya lejos quedó la esperanza, sólo queda la resignación. Uno es lo que es no porque se determine, sino porque se elige, uno construye su destino.
"Debo rescatarlo", repito hasta olvidar el significado.
Ya ahora daré paso a la anarquía de la soledad y el hartazgo.
Hemos de calzar estereotipos, o pensar que somos una sola idea, a donde llevan los días y las noches si no al suicidio, a la vaga entereza de este pobre espíritu acongojado que espera lentamente su final sin luchar. Ya lejos quedó la esperanza, sólo queda la resignación. Uno es lo que es no porque se determine, sino porque se elige, uno construye su destino.
"Debo rescatarlo", repito hasta olvidar el significado.
Ya ahora daré paso a la anarquía de la soledad y el hartazgo.
viernes, octubre 13
Partituras
La tarde recorrió su cuerpo en busca de fisuras, cual parásito en busca de un proveedor. Las manos aun tenían una agresividad latente, potencial: tendido sobre la cama, desvarió hasta hundirse en sopor más exquisito que la saliva. Entonces le llegaron imágenes extrañas que aludían su degradación: su madre reprochándole la holgazanería; un rostro enjuto que le golpeaba con sadismo comparable al suyo.
Tendría la peor de las noches si no fuera por el asesinato anterior. Los gritos que el hombre vociferaba no eran propios del dolor; hubo demasiado sforzato. En el caso de los homicidios anteriores u opus como suele llamarle, los sonidos salían claros ( y es por esa razón que el tipo nunca lastima la garganta de sus ejecutantes), hay las que llama sonatas: consisten en lastimar la pierna del “instrumento” con un movimiento rápido, allegro, para hallar el clímax en un ritmo lento del puñal o adagio. El scherzo cierra el circulo de la existencia, para luego hacer el rondó, movimiento que desholla pasando por todos los anteriores.
Los barrotes firmes le sostienen su motivación: lo apresan. Desearía volver a realizar asesinatos, ejecutar sinfonías completas, disfrutarlas, tener el cantabile ahora vetado. Cual momento espontáneo de locura la cabeza rechinó y azotó contra la pared hasta que los recuerdos de esa mujer se desprendieron: la noche que las mismas manos que mataron, acariciaron sus tiernas mejillas purpúreas. En la oscuridad derramó sobre sus labios sangre de sus mejores obras de la cual obtuvo la infame respuesta de sus dedos: mátame o te mato. Y fue cuando el brillo del cuchillo se ahogó en las rodillas blancas, y los gritos pasaron de una opereta a una cantata, de la cantata a la ópera y de la ópera a un fine. El leitmotiv de Sofía abre grietas en el cerebro del asesino: no importa cuanto tiempo permanezca en ese cuarto la eternidad lo alcanza en una celda, el blanco eterniza a Sofía, lo alcanza para triturarle las neuronas con el pétalo de sus mejillas sangrantes:
¡Es más rápido la heroína... no el crack... vamos sácalo ya...! alguien viene...
No, no es nadie.
-La jeringa...aquí...
-Sabes que me gustaría golpearte...
-Hazlo y te deshollo.
- jajajajajaja
- Mejor dime que me amas
- Te amo
- ....
- ¿Por que me golpeas?
- Jajajajaja
- Porque te amo.
Icarus
Tendría la peor de las noches si no fuera por el asesinato anterior. Los gritos que el hombre vociferaba no eran propios del dolor; hubo demasiado sforzato. En el caso de los homicidios anteriores u opus como suele llamarle, los sonidos salían claros ( y es por esa razón que el tipo nunca lastima la garganta de sus ejecutantes), hay las que llama sonatas: consisten en lastimar la pierna del “instrumento” con un movimiento rápido, allegro, para hallar el clímax en un ritmo lento del puñal o adagio. El scherzo cierra el circulo de la existencia, para luego hacer el rondó, movimiento que desholla pasando por todos los anteriores.
Los barrotes firmes le sostienen su motivación: lo apresan. Desearía volver a realizar asesinatos, ejecutar sinfonías completas, disfrutarlas, tener el cantabile ahora vetado. Cual momento espontáneo de locura la cabeza rechinó y azotó contra la pared hasta que los recuerdos de esa mujer se desprendieron: la noche que las mismas manos que mataron, acariciaron sus tiernas mejillas purpúreas. En la oscuridad derramó sobre sus labios sangre de sus mejores obras de la cual obtuvo la infame respuesta de sus dedos: mátame o te mato. Y fue cuando el brillo del cuchillo se ahogó en las rodillas blancas, y los gritos pasaron de una opereta a una cantata, de la cantata a la ópera y de la ópera a un fine. El leitmotiv de Sofía abre grietas en el cerebro del asesino: no importa cuanto tiempo permanezca en ese cuarto la eternidad lo alcanza en una celda, el blanco eterniza a Sofía, lo alcanza para triturarle las neuronas con el pétalo de sus mejillas sangrantes:
¡Es más rápido la heroína... no el crack... vamos sácalo ya...! alguien viene...
No, no es nadie.
-La jeringa...aquí...
-Sabes que me gustaría golpearte...
-Hazlo y te deshollo.
- jajajajajaja
- Mejor dime que me amas
- Te amo
- ....
- ¿Por que me golpeas?
- Jajajajaja
- Porque te amo.
Icarus
jueves, octubre 5
El gato ciego
Desde mi último ataque existencial, las pesadillas de Poe han alcanzado mi inconsciente a tal grado de tomar como sueño la vigilia. Al no encontrar culpables factibles, recurro a un viejo miedo: el gato ciego. Podría parecer totalmente ajeno a la convención social, pero el gato ciego tiene mi lástima.
La pasmosa escena que observé por segundos y que aún contemplo con angustia se dibuja en una calle donde el gato araña a la oscuridad en plena luz de día. Volteo a mi alrededor para ver si alguien comparte mi visión: En vano. Y es exactamente eso lo horroroso de la escena. La lástima que siento nace por la confusión (el sustantivo es correcto) de verme en una situación similar. Y digo confusión por el hecho de no conocer si esa lástima es potencial o no.
¿Pueden imaginar al gato, dueño de la oscuridad y penumbras, hundirse y confundirse en el mismo? La primera teoría respecto a la causa de su ceguera se basa en que alguna ama de casa fastidiada por su sigilo y mirada diabólica terminó por arrojarle agua hirviente a los ojos. Mis evidencias: la textura de su pelo en la parte frontal, y un trauma notorio a cualquier objeto cercano en movimiento. La segunda se basa en algo similar: el ácido. Existen las personas con un profundo odio a los gatos. Entre las causas se encuentran algunas supersticiones, la envidia. Un gato negro que se cruza en tu camino es mala suerte: La solución es efectuar la redención por el sacrificio del mismo. Los gatos tienen siete vidas. Mas, aunque sea una metáfora, constituye una conspiración contra la eternidad convidada a los seres humanos por exclusividad. Otros toman sus movimientos silenciosos y habilidad para la caza como ardides propios del diablo. Una de las razones anteriores pudo haber sido el motivo para derramarle ácido.
Desde ese día el gato se me aparece con los ojos fruncidos, con su miedo patético a los movimientos ajenos a los suyos.
Puedo descifrar los valores que le proporcionaba la sociedad en que vivía. Amplios horizontes de éxitos y buenas noticias, pero muy al fondo de sus penumbras antisociales, se escondía una hiena que acechaba y esperaba la última gota de sangre. Esperaba encontrar a mis principios intactos... Visualicé muchas veces un cuerpo desnudo como de animal que vomitaba conceptos y términos extraños.
Icarus
La pasmosa escena que observé por segundos y que aún contemplo con angustia se dibuja en una calle donde el gato araña a la oscuridad en plena luz de día. Volteo a mi alrededor para ver si alguien comparte mi visión: En vano. Y es exactamente eso lo horroroso de la escena. La lástima que siento nace por la confusión (el sustantivo es correcto) de verme en una situación similar. Y digo confusión por el hecho de no conocer si esa lástima es potencial o no.
¿Pueden imaginar al gato, dueño de la oscuridad y penumbras, hundirse y confundirse en el mismo? La primera teoría respecto a la causa de su ceguera se basa en que alguna ama de casa fastidiada por su sigilo y mirada diabólica terminó por arrojarle agua hirviente a los ojos. Mis evidencias: la textura de su pelo en la parte frontal, y un trauma notorio a cualquier objeto cercano en movimiento. La segunda se basa en algo similar: el ácido. Existen las personas con un profundo odio a los gatos. Entre las causas se encuentran algunas supersticiones, la envidia. Un gato negro que se cruza en tu camino es mala suerte: La solución es efectuar la redención por el sacrificio del mismo. Los gatos tienen siete vidas. Mas, aunque sea una metáfora, constituye una conspiración contra la eternidad convidada a los seres humanos por exclusividad. Otros toman sus movimientos silenciosos y habilidad para la caza como ardides propios del diablo. Una de las razones anteriores pudo haber sido el motivo para derramarle ácido.
Desde ese día el gato se me aparece con los ojos fruncidos, con su miedo patético a los movimientos ajenos a los suyos.
Puedo descifrar los valores que le proporcionaba la sociedad en que vivía. Amplios horizontes de éxitos y buenas noticias, pero muy al fondo de sus penumbras antisociales, se escondía una hiena que acechaba y esperaba la última gota de sangre. Esperaba encontrar a mis principios intactos... Visualicé muchas veces un cuerpo desnudo como de animal que vomitaba conceptos y términos extraños.
Icarus
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